Así me he sentido tejiéndole a mi madre este tapete interminable. Creía que no acababa nunca.
Es un regalo de cumpleaños que llega tarde. Le he añadido una repetición más por si quedaba corto, y creo que la que se va a quedar corta va a ser la mesa.
Esta tarde se lo llevo, y si, como me temo, es más grande el tapete que la mesa ya veré que hago con él. Lo que sea menos deshacerlo.