por eso a veces el paisaje sorprende con esto.
Yo tengo poca sorpresa, decidida a acabar con todos mis ovillos solitarios he llegado a la recta final de mi tercera bufanda.
Y aviso que seguramente habrá una cuarta.
Y un sapo.
Ya que estoy, y como Pilar se queja de que me prodigo poco, os enseño la chaquetita del otro día ya acabada.
Esta hecha a ganchillo, en algodón 100% del nº 8, en color crudo, comprado al peso en una de las plazas más típicas del centro de la ciudad.
Es un material superagradable, natural, de una empresa de un pueblo cercano, y es el que se ha utilizado por aquí toda la vida para tejer ropa para niños, medias, ropa interior, rebecas… de verano. Solo lo tienen en blanco y en crudo, y en tres grosores, pero estoy pensando que igual el color crudo -que no lleva tratamiento blanqueante- se puede teñir con algún tinte vegetal. Además tiene muy buen precio.
Así que el lunes cogí día libre. Mientras dábamos un paseíto nos cayó una nevada del copón, je, je.
Seguimos con el paseo, y al momento estaba todo así.
Blanco ya no parecía tan blanco, más bien parduzco.
Pero dejaba huellas y podíamos saber por donde andaba, que es algo que siempre nos tiene un poco en vilo.
Para los que os nieva de habitual esto que os cuento no tiene emoción, pero para nosotros ver la nieve es como para los del interior ver el mar, sobretodo ver nevar en paisajes tan familiares da subidón. No se si me explico. Las fotos están tomadas en el Alto Palancia, en la provincia de Castellón, justo en el límite con Teruel.
Esta semana ya no estoy tan aburrida, porque veo que avanzo, incluso podría acabar alguna cosa en los próximos días. Tejer un poco por obligación es horrible, y tener que estar concentrada en dos o tres proyectos por obligación también, al menos para mí, que soy muy voluble -tejerilmente hablando-.
De lo poco que he visto en Internet, me ha impresionado este enlace al que he llegado a través de Cluckin. Para que luego nos quejemos de nuestros alijos, este es como si mi mini-casa fuera todo ella un alijo de lanas en sí misma.
Los lunes, que es el único día que libra el maridín, me recoge a mediodía del trabjo y nos vamos por ahí los tres. El perro se baña en el río, el amo se pega una larga siesta debajo de un árbol, y yo le doy a las agujas, y como se está fresquito hasta puedo utilizar lana ♥ ♥ ♥.
El domingo bloqueé el FBS –mañana fotos- y el resultado es espectacular.
Lo más complicado no ha sido poner cientos y cientos de agujas, sino espantar a los moscones perrunos -algo difícil si se vive en un loft-. Está visto que lo mejor para echarse un sueñecito es un chal lleno de agujas, y si hay que darse un paseo para estirar las patas es preceptivo patearlo todo. Además, el interés aumenta con los obstáculos y los gritos.
Muchas gracias a las que me habéis hecho sugerencias para darle buen uso a la alpaca:
Podéis seguir enviándome recomendaciones, porque mi idea es tejer varios chales y luego ofrecérselos a mi madre para que elija el que más le guste. Además he hecho un encarguito a Handpaintedyarn con más material.
Este finde lo he pasado guardando la ropa de invierno y sacando la de verano, lo que quiere decir que estoy baldada, y que aún me espera una montaña gigante de ropa para planchar - que con este fresquito no es la mejor actividad-, y que tengo toda la casa cual mercadillo, y que estará así hasta que cada prenda encuentre su ubicación, o no. Este es un bordado de una camisa que me gustaba pero que ahora ya no se si.
Este proceso se junta con que el perro también renueva su vestuario, pero el lo va dejando por los suelos, todos cubiertos de fina angora del más puro blanco.
Así que dentro de un rato me voy al campito a comer y a pasar la tarde, donde se que me voy a encontrar estampas como esta: